miércoles, 12 de abril de 2017

La prepotencia del ayuntamiento de Murcia

En la anterior entrada os comentaba acerca de la pequeña colonia de gatos que habita en un solar al lado de mi casa. El solar,  aunque actualmente aseado, resulta algo viejo, y parece que debía dañar la vista de los burguesitos de reciente entrada en el barrio. Como os contaba, los gatitos vivían allí, dormitando en el viejo coche del dueño, sin hacer daño a nadie; siendo alimentados por algunos vecinos de buen corazón, preocupados de ponerles agua limpia y comida cada día. Los gatos estaban sanos y daba gusto verles, pero claro, ese desprecio generalizado por "don burguesito y doña burguesita en mi calle mando yo,  todo lo que desenfoque de mi enfermiza foto fija me sobra", pues ha dado la voz de alarma (¡Oh!, ¡socorrooo, hay seis gatos en mi calle!), y los del ayuntamiento de Murcia, muy sesudos ellos, en lugar de entender, como entendemos varios vecinos, que los gatos lo que hacen es eliminar ratas y demás alimañas, y por tanto son beneficiosos, pues nada, ha tapiado las dos entradas al solar, dejando a los mininos algo descolocados.
Las buenas personas del barrio, queremos dar una queja al ayuntamiento (algunos vecios hablan de hacer queja aunque sea vía telefónica), poner voz a esos gatos que ningún mal hacían. En algunas provincias se apoya a la gente que ayuda a las colonias de gatos, sin embargo, los ayuntamientos más retrógrados en materia de protección animal persiguen, criminalizan y sancionan a particulares (amantes de los animales) que, a su costa y de forma totalmente altruista, realizan esta labor, que consiste en la ayuda a los gatos urbanos.
De hecho, hace poco el ayuntamiento de Madrid ha sido condenado por imponer una sanción injusta a cuidadores de gatos. El juez da la razón a los cuidadores, el ayuntamiento ha tenido que devolver la multa (900 euros). Pero en mi localidad, aún vivimos en la época cavernaria, se ve. Y siempre tiene más derecho el vecino rico con ático planta, que el pobre viejo que tiene un viejo solar. Parece que aquí se decide a golpe de decreto: lo que pensemos los demás vecinos, sobra.
En fin, como siempre : nada  orgullosa de vivir en villadollar.
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