sábado, 11 de enero de 2014

¡Devolvedme mis gatusos!

En el barrio viejo no se podía ir a ningún lado sin encontrarse con alguno de vosotros, mis queridos amigos. Gatos grandes, cachorros, blancos, negros, manchados, romanos, y los de los de los pisos del jardín, los gatos señoritos, todos con su correa y cascabel. Cada dos o tres días iba por allí a llevaros pitanza y agua para reponer las fuerzas, alguna buena samaritana de entre las vecinas, me decía "pues yo a los que se refugían en el parquecito de detrás les pongo pescadito"............ Por supuesto, estaba la diosa del barrio: Drusila, te llamé. Llavábamos más de dos años siendo amigas, bueno todo lo amiga que te atrevías , con tu buen juicio, a ser amiga de una humana, esos bestias sin corazón. Pero un buen día bajé del coche y ya no estabas en tu sitio de siempre, te llame por todos lados, pero solo me contesto el ruido ambiente de transeuntes y coches. No estabas tú, pero tampoco ninguno de tus hijos, ni tus colegas, no quedaba ni un gato en todo el barrio viejo, y ya jamás volvistéis............ Decenas y decenas de gatos, os esfumastéis en la nada de la noche a la mañana. LLamé al ayuntamiento fingiendo que había perdido mi gata, la chica de la perrera me dijo: "no se preocupe, nosotros no tenemos recogida de gatos ni nada parecido, solo aceptamos si nos traen algún gatito encontrado"... Pero entonces, quién podía desvelarme que tantas decenas de gatos hubieran desaparecido todos a la vez. Los vecinos convivían en un apático desinterés con los gatos, y ningún vecino que yo sepa es capaz de capturar tantísimo gato solo y luego llevarlos a no sé dónde.... Entonces recordé aquella conversación unos meses antes en la peluquería. Mi peluquera contaba una anécdota, que había llamado mi interés.............. Os transcribo la conversación más o menos cómo la recuerdo:............... -Qué risa, le dije a mi marido, ay, pero mira qué bonicos son nuestros vecinos chinos que crían gaticos y perricos en su patio....y va mi marido (el marido de la peluquera es policia local) y me contesta: -Pero mujer no seas ilusa, y para qué te crees tú que quieren "los chinos" los perritos, pues para el menú del día.... La peluquera reía, pero yo no podía reír.................... Un conocido, conductor de autobús, se ganó la confianza de un señor de nacionalidad china que subía cada día, cuando la confianza fue grande, le preguntó : "oye, ¿es verdad eso que cuentan de que ponéis gato? Y el hombre le contesto sin rodeos: sí, es verdad.....................Como comprenderéis, después de saber esto, mi concepto de estos restaurantes cambió radicalmente.... Cuando alguien quiere invitarme a un "chino" mi "no" es rotundo. Y es rotundo porque no me gusta que me tomen el pelo personas que se pasan de listas. Todavía sé diferenciar los sabores y texturas, y tengo conciencia para no comerme lo que creo que puede ser un gato, estoy cada vez más convencida que los restaurantes chinos nos dan gato por liebre. A alguno de mis amigos, les cuesta creer que así sea, bendita inocencia la nuestra. Pero eso sí , todos al salir del restaurante bien que comentan: qué sabor tan raro la ternera o esta carne llena de cartílagos no era ni de lejos pollo................................... Tal vez la gente lo sospecha, tal vez, pero tal vez es que a ellos también les da un poco igual, con tal de que el plato esté delicioso, y eso hay que reconocerlo, los chinos acompañan sus platos con salsas sabrosísimas (con toneladas de glutamato sódico, un producto especialemente adictivo, eso sí). De  lo que no parece percartarse los ingenuos comensales es que un animal recogido en la calle se ha podido alimentar de ratones, ratas, y estos animales transmiten enfermedades........... Y cuando veo al más esceptico de los amigos, le dejo ko, con una pregunta muy simple: -¿pero tú has visto alguna vez a uno de ellos comprando carne en una carnicería? Y entonces, el amigo, se queda callado, muy callado, pensativo....Touché............... Y digo yo, tantos controles a los que someten las carnes que tomamos la Unión Europea, y ¿quién controla lo que nos dan los restaurantes chinos, su procedencia?.... ¿Por qué todos miran para otro lado con este tema? Claro, que si las cosas son como algunos sospechamos, los ayuntamientos ganarían con este asunto,  al manterles las calles limpias de felinos; que cada vez más se escucha cosas del estilo: en mi pueblo estaba todo llenos de gatos hasta que nos pusieron el primer "chino", que desaparecieron todos........................ Yo solo afirno una cosa: quiero que me devuelvan a mis queridos gatusos del barrio viejo, me duele el alma cada vez que voy, intento no ir. ¿Será casualidad que fue justo cuando pusieron el primer chino en ese barrio que desaparecieron todos?............................ ¿Por qué los gatos de correa no han desaparecido, aunque paseaban también por la calle? Pero qué listos  parece que son algunos...................... Me viene a la memoría un acontecimento que aún hoy no puedo recordar sin que se me ponga la carne de gallina. Y eso que hace algunos años de ello. Yo solía subir a mi gata a la azotea para que se paseara por allí, al pasar un rato subía a por ella. Pero un día volví y no aparecía. Por una pequeña rendija se había colado al otro patio. Me fui pitando hacia el edificio anexo al mío con el corazón dando brincos. Entré a la escalera, y me topé con una señora que salía de casa y le pregunté si había visto una gata que se había perdido en la azotea. Me contesto que no, pero que el "chino" del tercero estaba subiendo muebles a la azotea. Fui pitando al tercero, pero no me abrían, pegué el oido a la puerta y escuche el ruido de una puerta interior cerrarse............................. Fingí que hablaba por el móvil y dije en alto: si no abre, llamo a la policia. La palabra "policia" obró el milagro. Cuando me abrió, le pregunté si había visto una gata en la azotea, no puedo olvidar su mirada al contestarme: mirada cínica, sonrisita de malicia, me dijo que acababa de despertarse..................... Al escuchar que acababa de despertarse, y comprobar que me estaba mintiendo, algo en mí se despertó, debe ser algo parecido al instinto maternal, y no sé con qué fuerza interior me metí en su casa y empecé a llamar a mi gata fuerte. La escuché detrás de una puerta, estaba en la cocina, en postura fetal, aterrorizada, y junto a ella un cacharro de plastico con arroz blanco y cabezas de pescado negras como el hollín. Ya le había puesto comida , supongo que para cebarla. Agarré a mi gata ,y salí pitando sin hacerle ni un reproche, solo quería a mi gata................ Aunque pueda parecerlo, no soy xenófoba, pero hay algo que no me gusta encontrar en ninguna raza: los que se pasan de listos.
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